Hay una cuestión que nadie menciona cuando habla de un tórrido romance. Me refiero a esas historias intensas en las que el hábitat de sus protagonistas es la cama y casi exclusivamente la cama. Ahí, además de dormir -a ratos-, y practicar sexo desaforadamente, las víctimas de la pasión se hacen confidencias, ven películas e, incluso, comen ahí mismo para reponer fuerzas y continuar con la actividad carnal. Todo se hace en el tálamo, excepto una función corporal básica: vaciar el intestino.