Yo creo que don Jordi Pujol debería
ingresar en un convento. Y no en un convento cualquiera sino, como parece
lógico, en el Monasterio de Monserrat, lugar de oración al que don Jordi ha acudido
tantas veces a darle abrazos al abad, y quizá una cuantiosa limosna, eso sí,
discretamente, pues ya se sabe que en asuntos de dinero la recomendación
bíblica es que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu mano derecha.
A la montaña de Monserrat iría, pues, don Jordi llevado por su acendrado
espíritu cristiano -quizá un espíritu un poco ligero a la hora de cumplir
con el 7º mandamiento- a purgar sus reprobables acciones y a
alejarse del mundo, ya que el mundo se ha alejado de él. La verdad, después de
haber confesado –sacramento que, como se sabe, acaba con el cumplimiento de una
penitencia- don Jordi no creo que pueda salir a la calle en Barcelona sin que a
su alrededor se formen corrillos y se oigan murmuraciones.
Incluso podría ir don Jordi hasta la puerta del convento vestido solamente
con un trozo de viejo saco, descalzo, ayudándose con un bastón de peregrino, con
la cabeza cubierta y humillada, en actitud de implorar el perdón. Tal vez el
abad –para empezar a imponerle penitencia- le podría dejar varios días en la
puerta a que esperara –en ayunas, por supuesto-, antes de franquearle la
entrada al séptimo día y conducirlo por lóbregos pasillos hasta la más estrecha,
incómoda y profunda celda del convento. En alguna celda tendría que acabar,
antes o después, don Jordi… Y a dieta de pan y agua.
Capitán Ad Hoc
Debería volver a su lugar de origen... El Marte de Desafío Total
ResponderEliminarHa ha ha ha ! Excelente propuesta y excelente artículo. Lo difundo por allí...
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