viernes, 5 de septiembre de 2014

DEMOCRACIA O LA OTRA CARA DEL INFIERNO

¡Mes chers amis! Un poco de “seriedad” hoy con una reflexión sobre… la Democracia. Oui, oui, ya os veo resoplar y a punto de zapear… ¡Pero alto ahí! La cosa no es moco de pavo. No PODEMOS dejar que se guise un concepto tan trascendental con cualquier salsa -como se hace hoy en día- sin entender la verdadera intención e interpretación del cocinero…

En efecto, el concepto de “Democracia” está tan manoseado y corrompido como la bayeta de un figón de carretera o – siendo más… gráfico- como el aparato genital de una fulana de puerto mercante ya octogenaria.

Tremendas pin-ups afganas en los años 1970,
antes de ponerse de moda la burka...
En nombre de  la “Democracia” -léase intereses energéticos-, Estados Unidos –con la complicidad de sus "lacayos europeos recolectores de migajas"- han “liberado” países como Iraq, Afganistán o Libia de terribles regímenes dictatoriales, dejando en su lugar el cáos, la pobreza extrema y unos regímenes “progresistas” que aplican hoy a rajatabla la sharia, la rapiña, el racket, y una economía de terroristas. El propio John Kerry, actual Secretario del Estado yanky, lo ha dicho, un tanto irritado : “Now, it’s their problem” -ahora es su problema-. ¡Formidable!

En nuestras latitudes, la democracia es hoy el objeto de moda de debates, tanto interminables como estériles, que se pueden resumir con una frase memorable de Winston Churchill: El mejor argumento en contra de la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio. Pues sí señores, el “poder del pueblo” -definición etimológica de Democracia- se declina en tantas fórmulas teóricas nebulosas como el número de teóricos con barbas y coletas que nos aburren con ellas: democracia participativa, democracia inclusiva, economía del bien común… Muy bonito todo, sinceramente. Pero ¿Cómo se aplica concretamente? A través de asambleas y más asambleas, asambleas locales, regionales, federales, nos dicen… Esto me trae el recuerdo de una confesión del propio Daniel Vázquez Sallès, hijo de Manuel Vázquez Montalbán. El autor de novelas negras catalán se llevó a su retoño en el bus zapatista que surcó todo Méjico en 2000 para llevar la buena palabra del Comandante Marcos.  Al cabo de cierto tiempo, los inodoros del bus se atascaron… Para decidir quién iba a meter mano a la merdé, se decidió convocar otra asamblea más. El joven estalló. Semanas de incomodidad en el bus, de rollos marxistas, de asambleas democráticas y de convivencia acabaron con la paciencia del joven que llevaba tiempo… con ganas de cagar. El estreñimiento enerva, ya se sabe. 

Compis de piso...
Esto, mes amis, para llegar a la conclusión de que la naturaleza humana difícilmente es compatible con la Democracia así pensada y a gran escala. Pensad un momento en las personas de vuestro entorno que más os incomodan, que no podéis soportar, ni en pintura, por las razones que sean, e imaginaos tener que convivir con estos individuos en comunidades al estilo moscovita anteriores a la Perestroika… Imaginaos tener que reuniros con ellos de tanto en tanto para decidir del buen funcionamiento de la sociedad. ¡Imaginaos una reunión de vecinos cada día! 

Los que hablan con tanto ringorrango de la Democracia y de la economía participativas son los que saben, en el fondo, que nunca querrán ni tendrán que compartir la miseria -en todas sus aceptaciones- de los demás…  Aquel “votante medio” que no tiene problemas económicos reales pero sí tiempo para embriagarse con el sonido de su voz y las lisonjas de sus seguidores.  ¿Y qué? Tienen derecho de formar partidos que excluyen implícitamente a los lúmpenes. Tienen derecho a hacer campaña para formar -implícitamente también- otra casta de diputados vitalicios e intelectuales superiores que van a pensar por el “bien” de los lúmpenes -algunos, de verdad, no piensan y tampoco quieren pensar-. ¡Estamos en Democracia, qué diablos! Pero que no nos engañen diciendo que trabajan en cambiar la sociedad para que todos seamos iguales. Si fuera así, empezarían por no perpetuar un sistema político que obliga a los lúmpenes a romperse la crisma para pagar sus retribuciones vitalicias, sean o no exorbitantes. Y además, tal vez no queremos ser todos iguales…

Nestor Poireau

1 comentario:

  1. Demo ¿Qué? ¿Habla usted de una demo para una aplicación informática?

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Gracias ;)