Messieurs -y Mesdames también...-, vamos a cambiar un poco de rollo hoy con un tema que, creo, no os dejará indiferentes -a no ser que seáis anacoretas u homosexuales radicales-: SEDUCIR A LAS MUJERES.
Evidentemente, no voy a exponer aquí la Veritas Universalis... Os invito, caballeros, a que participéis en este debate compartiendo vuestra ciencia, opiniones y experiencias personales. Tal vez, queridos congéneres, muramos en el intento, pero lo haremos más ilustrados.
Seducir a una dama nunca ha sido tan...estratégico como hoy en día. En algunos casos, parece incluso un desafío mayor que las seis caras del cubo de Rubick. ¡Hay que entrenar!
Antes del advenimiento del Feminismo Liberatorio, todo era más "sencillo" y previsible. El reto consistía en doblegar la voluntad férrea de las mujeres para llevarse a casa el trofeo de su virginidad, aquel "santo Grial" al que las muchachas se agarraban cual patellas ferrugineas, ya que era la única moneda de cambio para poder vivir el resto de su vida cómodamente, mantenidas por un marido.
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| Alegoría de la virginidad infranqueable. |
En otras palabras, para conseguir un "kiki" con una finolis rebosante de perlas, seda y flores de camelias, había que echarle paciencia, tenacidad, algo de pasta y, cómo no, pasar primero impepinablemente por los sacramentos del matrimonio. Formaba parte del código de honor del caballero, al igual que retornar sano y salvo de las cruzadas y superar la varicela con treinta años.
Hoy en día, conseguir deslizarse entre las sábanas de una dama es pan comido, a condición de no haberla embrutecido antes con sustancias alucinógenas o con un discurso alambicado sobre el arte moderno para impresionarla -si cabe-. Poco espíritu deportivo veo yo en esta manera de actuar, aparte de que el despertar puede ser "leonino"...El Gran Reto, señores, consiste sin embargo en capturar y cautivar a la presa que, a primera vista, parece inalcanzable: la que ya os ha dicho que no, incluso bajo los efectos de psicotrópicos y hasta después de una conferencia magistral sobre las crisis místicas de Antoni Tápies. En esta fase crucial, hay que saber distinguir un "nooo" proferido con la boca pequeña (hay algo de esperanza) de un ¡NO! rotundo y sin apelación posible.
Si hay una apertura, entonces mejor no cag... ejem...echarla a perder como el patán de turno. Y aquí os doy unas recomendaciones basadas en una larga experiencia empírica, apoyada por una mini encuesta conducida muy recientemente entre representantes del sexo femenino codiciables -según los cánones socio/estéticos actuales-... No quiero desanimarles, pero por lo visto a muchos de nosotros nos han dado el manual de instrucciones redactado en idioma navajo...
A continuación, los principales icebergs sobre los que hasta el más fanfarrón de los Titanics puede estrellarse...
La ténica del avasallamiento. Por miedo a que ella cambie de idea, o por un exceso de entusiasmo y de confianza, invadís el espacio vital de la damisela recién conquistada como un mamut en los servicios de un Cessna. Aludes de SMS o whastapps con emoticones cursis, llamadas intempestivas a cualquier hora, visitas inopinadas a su domicilio, regalos equivocados, opiniones sin criterio sobre su manera de vestir, la decoración de su piso, su trabajo, sus amigos... ¡Vamos! Ya os creeis el rey de su casa. Encima, si a los pocos días de tanto agobiarla os quejáis de que no os responda con la misma intensidad, podéis estar seguros de que os va a borrar rabiosamente de su vida, de su memoria, de su agenda y simbólicamente de la faz de la tierra. ¡NO! rotundo y sin apelación posible. ¡Ojo con la cabra! -siempre tira al monte...-. Habéis conseguido engañarla, ella piensa que sois unos gentlemen refinados y cultos y vosotros pensáis que ya está en el bote... Así que os relajáis y, el día menos pensado, salís de la ducha con este incongruente gorro de cáñamo puesto en la cabeza, algo tan superfluo como grotesco. ¡Mon Dieu! Y lo peor es que la dama sospecha de repente que puede haber mucho más y mucho peor que el gorro de cáñamo, como lo muestra su manifiesta reacción de rechazo en la imagen. En este punto, creo que todos y todas estamos de acuerdo: mejor estar agradablemente sorprendidos que lo contrario...
En resumidas cuentas, Messieurs, mejor ser natural y sincero desde el primer día, así evitaréis malas combinaciones, sorpresas desagradables y previsibles guantazos. Y recordad que una mujer es como una flor... Si la regáis demasiado, la ahogaréis. Y si la dejáis sin cuidado, se marchitará y la perderéis igual. Ya no estamos en la era del neandertal: un poco de poesía, de respeto y de atención os darán siempre mejores resultados que comportándoos como gañanes.¡Palabra de Poireau!



Con la de lobas lampantes que hay hoy en día no se yo si los hombres tienen ganas de ir seduciendo mujeres a estas alturas. Los que merecen la pena son cazados a lazo cual becerros, y las vaqueras que los capturan suelen ser harpías castradoras de mucho cuidado... Una pena
ResponderEliminarFichtre, querido Anónimo... Esto suena a experiencia dolorosa! Siga jugando !
ResponderEliminarLos consejos están muy bien don Poireau, pero Marilyn Monroe lo cantaba muy bien en su "diamonds are a girl´s best firend", rodeada de unos apuestos señores que se los iban ofreciendo a su paso. Claro que los guys pobres lo tienen un tanto difícil, en ese caso. ¿Por qué se podría sustituir a los diamantes?. Porque dicen que son infalibles. Vamos que el polvo está garantizado!
ResponderEliminarDetecto una cierta aversión del anterior anónimo/a hacia las mujeres que han encontrado a un buen tío. No sea así, señora, seguro que alguna cazadora tenía buen corazón.
ResponderEliminarYo solo puedo decir, queridos cachorros, que algo sabrá de esto mi querido Poireau si logró seducirme -con lo retorcido que tengo el colmillo a estas alturas-.
ResponderEliminarMuchas gracias a todos por participar