![]() |
| José Bono ha desempeñado los cargos de presidente del Congreso de los Diputados, presidente de Castilla-La Mancha y de Ministro de Defensa |
que viene se publique su libro “Diario de un ministro” y se ha adelantado a ofrecer a EL PAÍS (14-IX-2014) un jugoso extracto sobre la cuestión catalana, de modo que los lectores no tengan que esperar más tiempo para saber de su clarividencia sobre el peligro independentista que ya entonces nos acechaba a los incautos españoles.
Cuenta Bono que, en octubre de 2005, siendo ministro de Defensa, le afeó ante testigos al socialista Pascual Maragall, entonces presidente de la Generalitat, que su alineamiento con las tesis nacionalistas -eran los tiempos del primer funesto tripartito- y su apoyo al nuevo Estatut abriría el camino a la secesión de Cataluña. La cosa tiene más gracia si resulta que el altercado dialéctico ocurrió durante una cena protocolaria en la Embajada de Portugal –o sea, como quien dice, en tierra extranjera- con asistencia de otras relevantes personalidades -¡entre otras el propio Pujol y señora, que aún eran molt honorables!- de distintas formaciones políticas.
La bronca no llegó a las manos –aunque parece que faltó poco- y el ex ministro de Defensa, haciendo gala de su refinado maquiavelismo, deja constancia de que al acabar la recepción llamó rápidamente al presidente Zapatero para contarle el rifirrafe con pelos y señales. Que es tanto como decir: como se lo conté a Zapatero, ya me quedé en paz conmigo mismo.
Últimamente proliferan comos setas en otoño las voces de gente más o menos encumbrada que se lamenta –sobre el problema catalán- de que “esto ya se veía venir…”, y que habría que haber hecho algo hace muchos años, pero no se hizo lo debido, y de aquellos polvos vienen estos lodos, etc. Pero esta cantinela suena a lo que la madre de Boabdil le dijo al último rey de Granada camino del exilio: “Llora como una mujer por lo que no has sabido defender como un hombre”. Hoy se derraman muchas lágrimas de cocodrilo, pero en su momento faltó un par de huevos, y así nos va.
Hay un dicho popular que reza: “Más vale ponerse una vez colorado que ciento amarillo”. Lo peor del caso es que, después de ponerse uno amarillo cien veces, al final no queda más remedio que ponerse colorado... y cuando suele ser ya demasiado tarde.
Es sabido que se achacan a Zapatero todas las culpas de haber dado alas al nacionalismo/soberanismo/independentismo catalán a cuenta del famoso Estatut -lo que aprobéis en Cataluña se aprobará en Madrid-. Y, con ser cierto que Zapatero pasará a la historia con muy malas notas, ha habido antes, durante y después de Zapatero una culpa casi colectiva de las clases dirigentes respecto de este asunto. Todo aquel trapicheo entre el Gobierno de la Nación y la Generalitat se hacía en aras de la manoseada gobernabilidad -o sea, por un puñado de votos- y por tener contenta a la “fiera” nacionalista –insaciable, como se ha venido demostrando durante años- echándole unas cuantas competencias a ver si se tranquilizaba; y echando también muchas miradas para otro lado en tantísimos casos bochornosos.
|
| El expresidente José María Aznar con Alejo Vidal-Quadras, entonces líder del PP en Cataluña, en un mitin en Barcelona en 1995 |
Capitán Ad Hoc


Mucha razón le asiste, capitán, mi capitán. A estas horas no se sabe muy bien qué pasará con el referéndum de los escoties que trae a maltraer a una vieja Europa que no está ya para estos sustos. El continente "asilo" (de viejos) anda maldiciendo al David Camerón de la isla británica por ponernos el marcapasos y la dentadura fuera de sus correspondientes cavidades. El camarón se la ha cargado... menos mal que andan por allí todos los partidos políticos que en Cataluña tienen voz y voto. No sabemos que sería de los escoceses sin un Shrek Junkera y pujoles embelleciendo el verde esmeralda de las praderas salpicadas de gaitas, superponiéndose a las barretinas. Todo a cuenta de la caja de la Generalitat que pagamos, en parte, los choricetes españoles. Parece que en Escocia gana el "no". Pero tengo la seguridad de que el resultado, lejos de callar los butifarreros, (sin ánimo de molestar, qué le vamos a hacer si les gusta la butifarra) les llevará a proseguir con la cantinela de que los escoceses han podido elegir y los catalanes no. ¿Y los españoles?. Yo quiero decidir si le van a quitar un buen trozo a mi tierra!. Estoy en mi derecho.
ResponderEliminarBueno...algunos estarían encantados de separar Cataluña del resto de España con un serrucho. Son tan cansinos estos catalanes que por tal de no escucharles más les daríamos la independencia y unas instrucciones precisas para que se metan la butifarra por el culo al tiempo que cantan una sardana
ResponderEliminar