martes, 18 de noviembre de 2014

MARIDOS Y MUJERES

Solía decirse que, detrás de un gran hombre, siempre había una gran mujer. Creo que esto se remonta a los tiempos en que las mujeres se entretenían más en los asuntos caseros y gozaban de menos proyección pública que ahora. La tesis era que, mientras el gran hombre triunfaba en la política, en las artes o en la guerra, su amante esposa -la gran mujer- se encargaba de la prole, guisaba una gallina en pepitoria de rechupete, le zurcía los calcetines a su esposo y –lo mejor de todo- le daba estimulantes ánimos para que siguiera su triunfante carrera, ajeno por completo a las vulgares servidumbres de la vida doméstica, que podrían distraerle de su loable vocación.


Camille Claudel esculpiendo
para que su marido se llevase
 el mérito del artista
Para todo hay ejemplos y a veces casos extraños. Un ejemplo de la “gran mujer” podría ser el de Zenobia Camprubí, la paciente y resignada esposa del gran poeta Juan Ramón Jiménez, Premio Nóbel de Literatura, que por lo visto era alguien absolutamente insoportable en la intimidad familiar y le hizo pasar a la pobre Zenobia las de Caín. Pero a veces también ocurren anomalías, como la del escultor francés Auguste Rodin, considerado el padre de la escultura moderna. Rodin estaba casado con otra escultora, Camille Claudel, y se dice que en realidad era ella la que moldeaba las obras maestras de su marido, pero que era él quien se llevaba la fama, firmándolas sin ningún recato. En este caso, podría pensarse que el “gran hombre” era Camille y que Rodin era simplemente un aprovechado.


La Thatcher recibiendo mimitos
de su marido Denis
Pero ¿qué pasa en los tiempos modernos, cuando son algunas mujeres las que ocupan el lugar de los “grandes hombres” de antaño y éstos se quedan a la sombra de su cónyuge? Es decir ¿qué pasaba, por ejemplo, en el caso de Margaret Thatcher, la “Dama de Hierro”, y su discreto esposo, Denis? Que se sepa, Denis ayudó económicamente a Margaret a iniciar su carrera política, pero, tras firmar los cheques, siempre permaneció en un prudente segundo plano. Mientras Margaret lanzaba en Wesminster su famoso discurso del “no, no, y no” a la Unión Europea (estratégicamente apoyada por su sempiterno bolso), seguramente Denis disfrutaba en la biblioteca del número 10 de Downing Street de un buen whisky escocés y de una apasionante novela policíaca.


A mí, el rol del marido discreto de una gran mujer me ha parecido siempre muy intrigante. Está claro que la baronesa Thatcher llevaba los pantalones en público, pero ¿qué pasaría realmente en la intimidad? ¿Llegaría la Thatcher a la residencia de Primer Ministro balando como una corderita y corriendo a traerle las pantuflas al flemático Denis -al tiempo que le contaba su trifulca en el Parlamento- o, por el contrario, le formaría un escándalo porque la cena no estaba lista?



Agatha Christie junt a su segundo
marido, Max Mallowan 
Yo creo que los maridos ingleses de celebridades acostumbran a escoger siempre un seguro segundo plano, alejado de toda posible conflagración. Vean, si no, el caso de Agatha Christie y su marido. Mientras ella producía novelas policíacas, él era un arqueólogo distraído, interesado solamente por las momias, y no levantaba una ceja más alta que otra salvo que descifrara un jeroglífico que se le estaba resistiendo desde hacía años.


Pero el marido más discreto de todos creo que es el de la canciller Angela Merkel. De hecho, ni siquiera sé si la señora Merkel está casada.

Capitán Ad Hoc

2 comentarios:

  1. Querido Capitán:
    La Merkel tiene un sufrido maridito llamado Joachim Sauer. Es catedrático de Fisicoquímica en la Universidad Humboldt de Berlín y sospecho que, para darle un respiro a la reina de Europa, él es quien manda en casa...

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  2. Hola capitán, parece usted un tanto nostálgico. Veo en su comentario un insatisfecho deseo de haberse escondido tras los faldones protectores de una señora de armas tomar; eso sí en la calle, aunque tierna y servicial corderita en casa. Ya sabe que a lo de detrás de un gran hombre hay una gran mujer le siguió, entre otros,, detrás de todo gran hombre hay una mujer sorprendida... y demás. Actualizando hoy el dicho -y puesto que algunas mujeres triunfan sin necesidad de adoptar un nombre masculino- ¿qué se podría decir actualmente de lo que hay detrás de una gran mujer?. ¿Quizás un hombre aliviado?. Yo creo que sí. Me parece que el varón se ha cansado de salir todos los día a cazar el chuletón!. El privilegio de ser varón ya no va por esos derroteros

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Gracias ;)