viernes, 7 de noviembre de 2014

MUCHO BLABLA = POCO KIKI



¡Mes chers amis, buenos días! Hoy, os voy a contar una historia. Se trata de la historia de Monsieur Losabetodo y Madame Mehagolatonta.

¿Una copita de Champagne, chicos?
Monsieur Losabetodo es un señor francés, ya entrado en años (
-y a veces también en carne-, siempre bien vestido, con ropa cara y aires estudiadamente desenfadados. Monsieur Losabetodo es un idiota porque no sabe que no sabe nada y…¡se lo tiene creído! 

Monsieur Losabetodo hecha una mirada constreñida –en el sentido clínico de la palabra- sobre el mundo y pone cara de estar oliendo algo podrido en todo momento. Precisamente, tout est pourri -todo está podrido- para Monsieur Losabetodo, que lo ha visto ya todo, lo ha probado todo y lo ha desechado todo con un gesto desdeñoso de su manicurada mano. Bueno “todo”… Algunos raros elegidos y más escasos aún placeres consiguen, a duras penas, extirpar una sonrisa torcida de su cara aburrida. 

Somesssing izzz rotten in the
government of France
Monsieur Losabetodo está convencido de que forma parte de una élite de raros agraciados por la pezuña divina que tiene que enseñar a todo el resto de la sub-capa humana de palurdos ignorantes lo que son el bon goût -buen gusto- y los buenos modales. Parangón de esta pedantería insoportable, he aquí Nadine de Rotschild, una remota representante de la aristocracia francesa apollillada, con un titulo nobiliario de baronesa, seguramente usurpado. Esta gruesa maruja, versión lujo afrancesado ostentoso y totalmente pasado de moda, produce con la ayuda de abundantes negros una no menos abundante bibliografía sobre cómo brillar en la sociedad. 

Ahhh... Saber llevar el trapo de
cocina con elegancia...
Cuando se la ve, uno no puede más que salir corriendo, apelando a todos los demonios de la lujuria y echándose a perder en la más depravadas de las vidas. Nadine, eres el perfecto antídoto de la Viagra -por si te cabía una duda a esas alturas de tu vida-. Guarda tus consejos para todas las que, como tu, no se han comido una rosca en décadas. Un hombre no se va a quedar en tu cama porque sabes poner una mesa chic o preparar una Vichyssoise sin manchar tu infladísimo escote.¡Antes Poireau se bebe un frasco de arsénico!

Pero volvamos a Monsieur Losabetodo. Tampoco se come una rosca, puesto que ya lo ha visto todo… Lo que le queda es hacerse una paja pensando en el pasado o en lo fantaseado -lo que hace con cada vez más frecuencia, ahora...-. A cambio, Madame Mehagolatonta es una sabia porque sabe que sabe mucho pero no todo -cuidado con los nudos al cerebro-. Está comoda con su ignorancia porque la va llenando cada vez más y le da igual que Monsieur Losabetodo la trate de jovenzuela inexperta -a la vez que intenta meter su manicurada mano en sus braguitas...- porque probablemente ella sea más experta que él en campos en los que él nunca se ha atrevido a entrar por sus propias neurosis. Ella escucha y aprende a su ritmo y con criterio, mientras Monsieur Losabetodo perora sin cesar para llenar la vacuidad de su existencia. Pero, como decimos los franceses "ce sont ceux qui en parlent le plus qui en font le moins". Lost in translation : ¡mucho blabla = poco kiki!

¡Pobre señor Losabetodo! Le agobia la noción de infinito que caracteriza el conocimiento porque le remite a su conciencia de ser mortal… “¡Dios mío!”, se lamenta, “tanto por conocer, por probar y gozar y mi vida ya a mitad consumida!” Tiene la sensación de nunca aprovechar el tiempo lo suficiente, de estar perdiendo suculentas oportunidades, de no estar satisfecho con lo "pagado"… Así que se refugia cómodamente en una actitud de hastío permanente que le hace repelente a los ojos de los demás. “Mejor creerme que ya lo he vivido todo y así moriré sin remordimientos”, piensa. Su actitud es humanamente cobarde, y no es más que el fruto de sus propias inseguridades y de un complejo de superioridad mal asumido.

Mientras tanto, Madame Mehagolatonta va mariposeando, siempre abierta, agradecida y libre, libre de llevar la losa que consiste en fingir saberlo todo, cuando uno sabe que todo el mundo sabe que es imposible.

Nestro Poireau

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