¡Mes chers amis, buenos días! Hoy, os voy a contar una historia. Se trata
de la historia de Monsieur Losabetodo y Madame Mehagolatonta.
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| ¿Una copita de Champagne, chicos? |
Monsieur Losabetodo es un señor francés, ya entrado en años
(
-y a veces también en carne-, siempre bien vestido, con ropa cara y aires estudiadamente desenfadados. Monsieur Losabetodo es un idiota porque no sabe que no sabe nada y…¡se lo tiene creído!
-y a veces también en carne-, siempre bien vestido, con ropa cara y aires estudiadamente desenfadados. Monsieur Losabetodo es un idiota porque no sabe que no sabe nada y…¡se lo tiene creído!
Monsieur Losabetodo hecha una mirada constreñida –en el sentido
clínico de la palabra- sobre el mundo y pone cara de estar oliendo algo podrido
en todo momento. Precisamente, tout est pourri -todo
está podrido- para Monsieur Losabetodo, que lo ha visto ya todo, lo
ha probado todo y lo ha desechado todo con un gesto desdeñoso de su manicurada
mano. Bueno “todo”… Algunos raros elegidos y más escasos aún placeres consiguen, a duras penas, extirpar una sonrisa torcida de su cara aburrida.
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| Somesssing izzz rotten in the government of France |
Monsieur Losabetodo está convencido de que forma parte de una
élite de raros agraciados por la pezuña divina que tiene que enseñar a todo el
resto de la sub-capa humana de palurdos ignorantes lo que son el bon goût -buen gusto- y los buenos modales. Parangón de esta
pedantería insoportable, he aquí Nadine de Rotschild, una remota representante
de la aristocracia francesa apollillada, con un titulo nobiliario de baronesa, seguramente
usurpado. Esta gruesa maruja, versión lujo afrancesado ostentoso y totalmente
pasado de moda, produce con la ayuda de abundantes negros una no menos abundante
bibliografía sobre cómo brillar en la sociedad.
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| Ahhh... Saber llevar el trapo de cocina con elegancia... |
Pero volvamos a Monsieur Losabetodo. Tampoco se come una
rosca, puesto que ya lo ha visto todo… Lo que le queda es hacerse una paja
pensando en el pasado o en lo fantaseado -lo que hace con cada vez más frecuencia, ahora...-. A cambio, Madame Mehagolatonta es
una sabia porque sabe que sabe mucho pero no todo -cuidado con los nudos al
cerebro-. Está comoda con
su ignorancia porque la va llenando cada vez más y le da
igual que Monsieur Losabetodo la trate de jovenzuela inexperta -a la vez que intenta meter su manicurada mano en sus braguitas...- porque probablemente ella sea más experta que él en campos en los que él nunca se ha
atrevido a entrar por sus propias neurosis. Ella escucha y aprende a su ritmo y con
criterio, mientras Monsieur Losabetodo perora sin cesar para llenar la
vacuidad de su existencia. Pero, como decimos los franceses "ce sont ceux qui en parlent le plus qui en font le moins". Lost in translation : ¡mucho blabla = poco kiki!
¡Pobre señor Losabetodo! Le agobia la noción de infinito que caracteriza el conocimiento porque le remite a su conciencia de ser mortal… “¡Dios mío!”, se lamenta, “tanto por conocer,
por probar y gozar y mi vida ya a mitad consumida!” Tiene la sensación de nunca aprovechar el tiempo lo suficiente, de estar perdiendo suculentas oportunidades, de no estar satisfecho con lo "pagado"… Así que se
refugia cómodamente en una actitud de hastío permanente que le hace repelente a los ojos de los demás. “Mejor creerme que ya lo he vivido todo y así moriré sin remordimientos”,
piensa. Su actitud es humanamente cobarde, y no es más que el fruto de sus propias inseguridades y de un complejo de superioridad mal asumido.
Mientras tanto, Madame Mehagolatonta va mariposeando,
siempre abierta, agradecida y libre, libre de llevar la losa que consiste en fingir saberlo todo, cuando uno sabe que todo el mundo sabe que es imposible.
Nestro Poireau
Nestro Poireau




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