Organizaciones feministas de varios países han alzado la voz para protestar por el hecho de que las tarifas de las peluquerías “unisex” discriminan a las mujeres, a las que –se quejan ellas- cobran más que a los hombres por, supuestamente, los mismos servicios.Esta diferencia de precios ya la vengo observando yo desde hace años en estas peluquerías y siempre me ha parecido bien, aunque nunca hasta ahora me había puesto a pensar por qué razón me parecía bien; o sea: ¿hay razones para esa diferencia de precios?
Yo creo que está clarísimo, y siento que las ofendidas no se hayan dado cuenta. Esta diferencia de precios se justifica por varias razones. Una es que de esa manera se incentiva a los hombres para que acudan con más frecuencia a la peluquería y, de este modo, presenten mejor y más aseado aspecto; algo que, en teoría, debería satisfacer a las señoras, salvo que éstas prefieran que aquellos ostenten unas reprobables greñas.
Téngase en cuenta que la mayoría de los hombres no suelen acudir a la peluquería más que cuando se ven acuciados por la necesidad de poner remedio a su desordenada masa capilar, y no -salvo los metrosexuales- por coquetería, que es la razón por la que acuden, afortunadamente, las damas. ¿Por qué, si no, hay tantas señoras que van tan frecuentemente a la peluquería a que les restauren la permanente o les disimulen las canas, a que les pongan mechas o a que les alisen o les ricen la cabellera? Pues, evidentemente, para poder presumir, además de para cotillear un rato con la peluquera y el resto de las clientas. Para las señoras, una peluquería es también un lugar social, una especie de casino capilar.Luego está la ley de la oferta y la demanda. Como los señores van menos a la peluquería, o sea, como la demanda es baja, la oferta se abarata. Mientras que, como las señoras van mucho, o sea, como la demanda sube, suben también los precios. Es la implacable ley del mercado.
Los hombres no son clientes de fiar para las peluquerías, al contrario de las mujeres, que, adopten la moda del pelo corto o del pelo largo, acuden fielmente al “salon de coiffure” a que el Llongueras de turno las embellezca, sea con más o sea con menos pelo. Pero los hombres son más escurridizos y sus peluqueros no ganan para sobresaltos. Allá en los 60 de –como se suele decir- el pasado siglo, por culpa de los Beatles y de los hippies, la moda del pelo largo y las luengas barbas –que eran también una peluda manera de ser “antisistema”- se impuso entre muchos jóvenes y en bastantes no tan jóvenes, ante la consternación de los fabricantes de cuchillas y de máquinas de afeitar, y de los peluqueros.
Ahora, por el contrario -los famosos bandazos de la Historia-, se ha impuesto la moda de los calvos. Muchos hombres, en cuanto uno ven que se les empieza a clarear el pelo en lo alto de la cabeza, deciden combatir lo que antaño podría llegar a ser un horrible complejo por el simple procedimiento de raparse la cabeza. Muerto el perro se acabó la rabia. Pero incluso quienes no tienen el pelo tan claro también se suman a la moda del rapado, y resuelven de esa manera dos asuntos: conseguir estar a la moda y evitarse ir a la peluquería. Ya que, naturalmente, para raparse la cabeza basta una maquinilla y, si acaso, un espejo.
Así que, vistas las circunstancias, y seguro que me olvido de alguna, no es de extrañar que haya ofertas para que los hombres acudan a las peluquerías. Las feministas, desde luego, con tal de protestar… Y a estas alturas, me asalta una duda: ¿frecuentan las feministas las peluquerías?Capitán Ad Hoc

Mi querido Haddock, te falta salir un poco más a la calle... Entre los cortes (MASCULINOS) al estilo Beatles, muy de moda entre los preadolescentes, la vuelta a la estética años treinta (cogote rapado y "tupet" engominado) muy de moda entre los hipsters, las barbas floridas a juego con calvas que brillan como manzanas Granny y toda la estética capilar sofisticada al estilo "manga" muy de moda entre las comunidades chinas y latinoamericanas, creo que la obsesión por la cita con la peluquera no es exclusiva de las féminas... ¡Tanto mejor para nuestra economía!
ResponderEliminarPues a mí me parece bien que el corte de pelo masculino esté al alcance de casi todos; situación que no impide que me incline porque bajen los precios también para nosotras las señoras.
ResponderEliminarHasta ahora que yo sepa ellos no se han quejado de que la ropa y el calzado masculino sean más caro, por lo general, que el de la mujer...
Lo que sí reivindico es que los sueldos y ascensos profesionales y sociales se democraticen. Eso sí que es una faena : el menor poder adquisitivo femenino y por tanto nuestro encabezamiento de las listas de la pobreza y sin embargo no aparezcamos o seamos las últimas de la fila en las opulentas listas de Forbes
Esto de acuerdo con mi querido Poireau en que la visión del capitán es muy anticuada, tanto en su concepto de la mujer medio gilipollas e inculta que se entretiene marujeando en la pelu con los rulos puestos, como en su simplista análisis de las modas capilares masculinas. Además, esa diferencia de precios entre hombre y mujer no se limita a las peluquerías... En los supermercados hay infinidad de productos de higiene personal exactamente iguales en composición para hombres y mujeres, pero resulta que el envase rosa siempre es más caro... No es una cuestión de feministas, cuya existencia tanto parece molestar a Ad Hoc, especilmente cuando la mujer siempre gana menos que el hombre por desarrollar el mismo trabajo (y probablemente de forma más eficiente)
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