martes, 9 de diciembre de 2014

RABO DE TORO A LA CATALANA

Hay que reconocer que en estos últimos años a los toros no les ha ido muy bien en Cataluña. Veamos. En agosto de 2007, un grupo de unos veinte perturbados independentistas, que se declaraban miembros de la “Hermandad Catalana de la Bandera Negra”, derribaron de madrugada el último Toro de Osborne que quedaba en las carreteras catalanas, en el término municipal de El Bruc.


Los restos del "torocidio"
Tras su hazaña, estos antitaurinos por motivos patrióticos -que en algunos medios fueron calificados como “vándalos”-, declararon muy orgullosos que de esta manera limpiaban la "inmundicia cornuda española” que pretendía ensuciar la silueta de la “sagrada” montaña de Monserrat. Luego, ya el toro derribado, lo patearon hasta hacerlo añicos.

 El toro negro, en aquella época, ya era mucho más que la marca de una bodega de Jerez, Osborne: se había convertido en un emblema de la Marca España espontáneamente popularizado; y, ya que no podían eliminar físicamente a España, los patriotas catalanes antitaurinos debieron decirse que, echando abajo por lo menos la Marca, algo conseguirían derribar de España. Algo así como lo que, en algunas revolucionesconseguían los ateos furibundos destrozando con saña  las imágenes de los santos y los crucifijos de las iglesias. No podían matar a Dios (máxime cuando, a su juicio, no existía), pero al menos…

Sigamos. En 2010, el Parlamento catalán abolió oficialmente las corridas de toros, amparándose en la petición de los antitaurinos catalanes. Hábilmente, la autoridad catalana se escudó en que no era decisión propia suya, sino a instancias de la ciudadaníael poblea la ciudadanía –¡qué poco han cambiado los tiempos!- hay que hacerle caso, sea legal o ilegal por lo que clama. Y el caso es que en Cataluña la fiesta de los toros había ido languideciendo en los últimos años, así que los antitaurinos catalanes no entraron a matar la fiesta gallardamente, sino que simplemente le dieron la puntilla. Naturalmente, hubo muchas voces que clamaron contra la decisión calificándola de una medida política antiespañola, pero los autores del “toricidio” legal lo negaron. Sin embargo, no se prohibieron los llamados “correbous”, fiestas taurinas populares catalanes, que a veces son tan salvajes como en el caso del “bou embolat”,  fiestas en la que se colocan al astado unas antorchas en los cuernos mientras se le maltrata por las calles del pueblo entre el jolgorio general de los payeses.


¡Y ahora le llega el turno a los “souvenirs” taurinos! Se ve que en Cataluña, con esto del toro, son incansables. ¡Qué obsesión! Pues resulta que el Ayuntamiento de Tarragona pondrá pegas legales, a partir del 1 de enero, a que se exhiban estos populares “souvenirs” en los escaparates de las tiendas para turistas; y mucho más prohibido aúnque se exhiban en los tenderetes en plena calle. El turista que quiera llevarse un toro a su país –y quien dice un toro dice la típica flamenca con su vestido de lunares, o unas castañuelas, etc.; en fin, todo lo que suene a españoltendrá que entrar a comprarlo al interior de la tienda (aún no se ha prohibido la venta) como si fuera a adquirir una mercancía de contrabando. ¡Vuelve el estraperlo! La autoridad tarraconense, eso sí, dice que lo único que quiere es incentivar la compra de los “souvenirs” locales.

Y lo que yo me pregunto es: una vez que han derribado los toros de Osborne de las carreteras catalanas, y que han prohibido las corridas de toros en Cataluña (salvo los “correbous”), y que dificultan a los turistas la compra de  “souvenirs” taurinos…  ¿cómo continuarán su faena para seguir desollando la Marca España? ¡Qué codicia! ¡Qué fijación ¡Cómo embisten!

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