| Los restos del "torocidio" |
El toro negro, en aquella época, ya era mucho más que la marca de una bodega de Jerez, Osborne: se había convertido en un emblema de la Marca España espontáneamente popularizado; y, ya que no podían eliminar físicamente a España, los patriotas catalanes antitaurinos debieron decirse que, echando abajo por lo menos la Marca, algo conseguirían derribar de España. Algo así como lo que, en algunas revoluciones, conseguían los ateos furibundos destrozando con saña las imágenes de los santos y los crucifijos de las iglesias. No podían matar a Dios (máxime cuando, a su juicio, no existía), pero al menos…
¡Y ahora le llega el turno a los “souvenirs” taurinos! Se ve que en Cataluña, con esto del toro, son incansables. ¡Qué obsesión! Pues resulta que el Ayuntamiento de Tarragona pondrá pegas legales, a partir del 1 de enero, a que se exhiban estos populares “souvenirs” en los escaparates de las tiendas para turistas; y mucho más prohibido aúnque se exhiban en los tenderetes en plena calle. El turista que quiera llevarse un toro a su país –y quien dice un toro dice la típica flamenca con su vestido de lunares, o unas castañuelas, etc.; en fin, todo lo que suene a “español”- tendrá que entrar a comprarlo al interior de la tienda (aún no se ha prohibido la venta) como si fuera a adquirir una mercancía de contrabando. ¡Vuelve el estraperlo! La autoridad tarraconense, eso sí, dice que lo único que quiere es incentivar la compra de los “souvenirs” locales.
Y lo que yo me pregunto es: una vez que han derribado los toros de Osborne de las carreteras catalanas, y que han prohibido las corridas de toros en Cataluña (salvo los “correbous”), y que dificultan a los turistas la compra de “souvenirs” taurinos… ¿cómo continuarán su faena para seguir desollando la Marca España? ¡Qué codicia! ¡Qué fijación ¡Cómo embisten!
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