Hace cosa de un año, dediqué un post a las prematuras y cansinas Pascuas que padecemos en España: “Pesadilla –mucho- antes de Navidad”, se llamaba el cuento. Os invito a leerlo si no lo hicisteis en 2014, y a releerlo si ya me hicisteis el honor, para establecer una comparativa y haceros una idea de lo ingenua que me siento, con lo diva que soy yo.
Me quejaba de lo pesada que resulta toda la parafernalia decorativa, publicitaria y musical, y suspiraba abiertamente por pasar las siguientes Navidades en el Caribe. Pues bien, deseo concedido. La pesadilla se ha tornado infierno, porque esto no tiene nada que ver con lo que yo tenía en mente. Olvidar las mal llamadas “fiestas entrañables” y a los parientes que no tienes interés en ver, disfrutando de la vida bajo un cocotero, mojito en mano… Ese era el plan. No encontrarme con la misma cantinela, pero bajo un calor asfixiante que te deja del todo desubicada al ver abetos, muñecos de "pseudonieve" y muérdago fuera de lugar, como si fuesen un espejismo fruto de las altas temperaturas. Al menos los camellos de los Reyes Magos tendrían sentido bajo este sol, pero aquí todo está bajo el influjo estadounidense y de esos señores, encima con pinta de moros, no quieren saber nada.
Incluso, estoy sintiendo pena por la Navidad. Si…. He visto cosas tan aberrantes que siento cierto apuro al mostrarlas, pero tenéis que ver, mis queridos cachorros, lo que hace este lugar con las tradiciones. Pinchad sobre el vídeo, aunque os advierto que puede herir sensibilidades.
Así que ardo en deseos de ver anuncios absurdos de perfumes, de pasar frío y ponerme un gorro de Papá Noel sin que se me derritan las meninges, de comprar tres kilos de dulces típicos por un precio razonable e, incluso, de escuchar villancicos de esos normales de toda la vida, sin ritmos tropicales que induzcan a pensar a los personajes del Belén perreando al ritmo del denbow (¡Qué obscenidad!) .
Quizá sea porque otros expatriados van al hogar por estas fechas y yo sé que me quedo aquí sin mi habitual pata de jamón de jabugo. Claro que, hay algo que jamás cambia en estas fechas, por mucho que esté a miles de kilómetros de España, y es que, si hay españoles cerca, la ingesta de alcohol sin piedad está garantizada. Así la Navidad y el previo se hacen mucho más llevaderos, aunque mi hígado discrepe. Empieza un mes muy duro.
Hasta el próximo post, sed buenos… Pero traviesos, que si no es muy aburrido.
Cruela Débil

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