viernes, 19 de febrero de 2016

CRÓNICAS DESDE EL CARIBE: SIBERIA TROPICAL

Si, es cierto. Las mujeres, generalmente, somos frioleras. Así que vivir en el Caribe debería constituir un auténtico gozo en lo que a temperaturas se refiere. Pero no es así, mis queridos cachorros, por exceso o por defecto (sobre todo por defecto, y ahora entenderéis por qué), el disconfort es casi perpetuo si hablamos de grados, ya sean Celsius o Farenheit... 
Los del alcohol ya son otra cosa.


Para empezar, la calidez con la que una sueña es, al menos durante la mitad del año, una suerte de infierno que haría al mismísimo Satán sudar la gota gorda. Si bien la otra mitad del año es llevadera, y en las noches incluso es necesario echarse una rebequita por encima, de enero a diciembre, sin excepción, se da la peculiar circunstancia de que en casi cualquier espacio cerrado, estático o móvil, sería posible criar pingüinos, focas y osos polares. (Sí, en España ocurre exactamente lo mismo en julio y agosto en muchos sitios).


Redacto este post a bordo de un vehículo que bien podría pasar por furgón refrigerado, de esos para transportar pollos congelados y, a decir verdad, en vista del parecido de mi piel con la de una gallina temo que, al tratar de articular una palabra, de mi garganta salga un tembloroso cacareo. 

Sospecho que cuando llegue a mi destino tendré los pies azules porque llevo sandalias, aunque he tenido el buen tino de coger una chaqueta con la que, inútilmente, me arrebujo tratando de combatir esta desagradable sensación de hipotermia. 

Quien sabe, quizá esto acabe por parecerse al diario de un explorador del Ártico, a pesar de que en el exterior hace calorcito. Pero es que el derroche de energía es una premisa de este lugar con alto déficit energético. Paradojas caribeñas...

Lo más triste es que saldré de esta nevera con ruedas para entrar en otra de mayores proporciones. Cualquier centro comercial, aeropuerto, sede institucional u oficina desafía a las defensas naturales del organismo con un frío atroz. 


Pero sin duda, el lugar donde resulta más cruel este innecesario clima siberiano es el cine. Resulta imposible concentrarse en una película cuando temes que los meñiques de los pies se te caigan, y te evades, hasta de las escenas más trepidantes, pensando en una toquilla de lana y un caldito. Olvidad las palomitas, aquí lo importante en la sala es ir equipado con Gore Tex.

Lo curioso es que cuando, últimamente, oigo a mis queridos amigos del otro lado del Atlántico quejarse de que el invierno ha decidido llegar a España por fin, casi siento envidia. ¿Un contrasentido tras este discurso? No, desde luego que no. Lo que ocurre es si hace frío debería ser en consonancia con los factores atmosféricos, y climáticos propios de la zona del globo donde resides, y pillarte con un buen armario repleto de botas, sombreros, bufandas, guantes, y abrigos de pieles (moteadas, por supuesto), y no en el Caribe sin los pertrechos de un esquimal. 


Ahora, entre nevera y nevera, voy a pasar un ratito a la calle a ver si recupero la circulación sanguínea en las extremidades. Hasta el próximo post, sed buenos... Pero traviesos, que si no es muy aburrido.

Cruela Débil

1 comentario:

  1. Pues sí, Cruela, se pasan muchísimo con el aire acondicionado. Qué derroche de energía y qué palo para el planeta esta forma tan agresiva de combatir la calor. Creo que el despilfarro de energía viene provocada porque consideran el aire acondicionado un artículo de lujo. Y cuanto más aspiraciones de elegancia tiene un lugar, más frío. Qué malrato.
    Quedo a su disposición

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