lunes, 28 de julio de 2014

EL MERCADO DE LOS HORRORES


Cuando viajo, me encanta visitar los mercados de pueblos y ciudades... Cuanto más exótico es un destino, más disfruto con los colores y los olores de los puestos tradicionales: la vistosidad de frutas y verduras, los reflejos plateados de los peces acomodados ordenadamente sobre un lecho de hielo, el efecto embriagador de especias y flores, el particular trasiego de los lugareños por pasillos donde se exhiben carnes que nunca había comido, o, incluso, aperitivos con patas y antenas que jamás imaginé degustar.Sin embargo, esa deliciosa experiencia vivida en mercados de medio mundo, y que conforman un sinfín de bodegones llenos de matices que he fotografiado con avidez, se convierte en una agresión para los sentidos cuando el mercado a visitar pertenece a un barrio de medio pelo sito en la ciudad de Málaga. Espantada estoy, queridos cachorros, por tan traumática experiencia.


Ya las inmediaciones del lugar proporcionan una idea del "ganao" que se aprovisiona aquí -donde compran por toneladas las viandas que llevan a sus jornadas de playa-. Tendría cierto encanto ese entorno, salpicado por diversos tenderetes ilegales, improvisados con una mesa plegable, si no fuese por el asedio que sufre el visitante cuando intenta acceder al recinto, y la pequeña carrera de obstáculos a sortear. Higos chumbos, productos de la huerta, barreños llenos de caracoles de diverso calibre -puestos directamente en el suelo- y así, un número indeterminado puestos pirata que varía dependiendo de la hora y del día, y que no observan las más mínimas normas de higiene.

Una vez superada la barrera de mesas plegables, ya en el interior, el visitante se enfrenta a un estruendo que va mucho más allá del que es propio de un lugar bullicioso como un mercado en una mañana de sábado. El nivel de decibelios de esta gente no tiene nada que envidiar al de una rave. Y no es que griten porque haya un fuego, que va... Es que ese es el tono en el que se comunican los aborígenes. Los tenderos voceando sus productos, cosa normal, no dan descanso a las cuerdas vocales ni siquiera mientras despachan, y marcan la pauta para que el público en general se haga entender a voces.

Aturdida por semejante escándalo, trato de recomponerme y mantener la calma mientras clienta y pescadera hablan de sus cosas -de forma que tres puestos más allá se enteren de todo-. Mientras, los empujones no censan... La gente te atropella sin el menor miramiento aunque tengan espacio para pasar sin rozarte: Llega una choni -aquí denominadas merdellonas, a las que dedicaremos más de un post- y te embiste por detrás. No contenta con la primera agresión, porque sigues estando en su trayectoria, te propina otro meneo por la derecha y, sin inmutarse, abre la boca y deja salir un sonido agudo y penetrante, a escasos centímetro de tu ya maltratado tímpano, en lo que parece ser un saludo a otra poligonera rodeada de fruta.

Una está más hecha al otro extremo de la oferta en lo que a mercados tradicionales se refiere, como los madrileños mercados de San Antón o San Miguel. Son el colmo del pijerío, una atracción para turistas, y no aptos para los bolsillos del ciudadano medio, pero sus puestos son auténticos paisajes. Invitan a entrar e inspeccionar los alimentos allí expuestos, y a degustar la variada oferta de los puntos de restauración, todo ello en un espacio arquitectónico armonioso, limpio y bien ventilado -el tema de los olores merece un capítulo aparte-.


Sin pretender llegar a ese nivel, bien podría plantearse el Ayuntamiento de Málaga hacer algo por revitalizar la degradada galería comercial y la zona, como ha hecho ya con el Mercado del Carmen, también en la capital de la Costa del Sol. Porque actualmente, el lugar, el público, el entorno... le quitan a una las ganas de comprar y hasta de comer, lo que me lleva a expresar una sugerencia: la visita a este tipo de establecimientos podrían emplearse como parte de terapias de adelgazamiento, y complemento a la operación bikini.
Hasta el próximo post, sed buenos... Pero traviesos, que si no es muy aburrido.

Cruela Débil

7 comentarios:

  1. ¡Magnífico post! Lo "facebookeo" y lo twitteo. Qué arte de la observación y qué sentido de humor... Señora, es Usted la digna sucesora de Gerald Durrell.

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    1. Pos el mercado de Atarazanas de Málaga, de arquitectura nazarí está muy bien y es muy baratito

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    2. Estimado anónimo.
      Si Gerald Durrel levantara la cabeza, se reiría de su ignorancia. Él nunca denigró a nadie ni tuvo ese ¿sentido del humor? ácido e insultante.
      Saludos

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  2. Gracias al primer cachorro anónimo por sus positivas observaciones a mi humilde post...
    Y, en cuanto al segundo... Quizás no ha leído el contenido. No dudo de que haya muchos establecimientos fabulosos en la ciudad. De hecho, el mercado del que hablo es famoso por su buen pescado y el precio estupendo del género en general, pero no es eso de lo que se habla en esta entrada. En cualquier caso, gracias por tu participación

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    1. Efectivamente, Cruela-oculta-tras-una-caricatura.
      No se habla en este post (entrada en román paladino), de nada que sirva de provecho, salvo demostrar sus pretensiones literarias que no van más allá de un marujeo sin sentido.
      Saludos

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  3. Soy malagueña, escribo un blog de cocina desde hace casi nueve años. He viajado muchisimo en mi vida, quizás por más de medio mundo, me considero una persona culta y educada, siempre que he visitado un lugar he procurado ver el lado positivo, comprender la idiosincrasia de sus habitantes y respetar sus costumbres. Dicho ésto, le diré que no me considero "ganado" (o debería decir "ganao"), al comprar en el Mercado de Huelin, donde aún se conserva el ambiente, el encanto y las costumbres de los mercados antiguos, de antaño...del que los malagueños (que no merdellones, ni chusma) estamos orgullosos. Yo compro allí, en el Mercado de Huelin, donde aún, los pescaderos, la gente de la mar, marengos siguen como durante siglos se ha hecho en ésta provincia, voceando sus productos....(ojalá ésto tampoco nos lo quiten). Un mercado donde aún se pueden encontrar productos del campo, de la tierra, que no se comercializan por haberse perdido costumbres ancestrales gastronómicas: caracoles, chumbos, madroños, moras y un larguisimo etc....que los venden en puestecitos en las puertas ganándose la vida personas honradas (aunque no paguen quizás impuestos...).
    Quizás ha sido Vd. un tanto "Cruel" con éste post, aunque respeto por supuesto su impresión por su negativa experiencia.
    Le recomiendo que la próxima vez, vaya Vd. un poco más temprano al mercado, a las nueve y media o diez de la mañana no encontrará tantos "empujones" que la maltraten...o mejor aún: no se acerque, así no tendrá que volver a escribir malas experiencias.
    Saludos de una malagueña orgullosa de las costumbres de su tierra.

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  4. A modo de aclaración: el barrio de Huelin en Málaga no es de medios pelos, es un barrio obrero. Y mucho me temo, por sus palabras que, una vez más se cumple el dicho "no hay peor cuña que la de la misma madera". Hágaselo mirar. Que se mejore.

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Gracias ;)