miércoles, 30 de julio de 2014

GEOPOLÍTICA A LO WALT DYSNEY

Mes chers amis... ¿De qué nos sirven los politólogos con aroma a naftalina, los analistas y otros videntes con calvicie precoz si tan sólo mirando la Paramount Channel podemos entender, tal vez mejor, y antes que ellos la estrambótica política exterior de Estados Unidos of America ?

Anoche, yo mismo disfrutaba en dicho canal de un thriller con una Annette Bening alucinada y un inquietante Robert Downey Jr. cuando anunciaron la proxima difusión de un bodrio titulado Pánico Nuclear (The Sum of All Fears - la suma de todos los temores, en inglés). Con tan grotescos títulos, supe en el instante que había material para un post... Impaciente, me fui a ver la peli en streaming. ¡Ahhhhh! No me decepcionó. Realmente, los estudios cinematográficos de Hollywood son como las churrerías ambulantes. Con la misma rancia receta y un aceite refrito millones de veces producen buñuelos al ritmo de un esfínter de oveja. El mismísmo Luc Besson (gran especialista francés del guión hollywoodiano) reconoció que él también podía cagar una de estas historietas facilonas cada mañana. Últimamente, está un tanto estreñido...

Efectivamente, Pánico Nuclear reproduce de manera espectacular todos los mejores y más burdos tópicos del blockbuster hollywoodiano. Pequeño florilegio:

- El sempiterno grupillo de altos funcionarios sudorosos y militares condecorados corriendo tras un Presidente of America febril en los pasillos del Pentágono.
- Una sala de juntas llena de mapamundis electrónicos -prestados por los malos de las pelis de James Bond- donde se toman decisiones imposibles mirándose a los ojos como unos bogavantes en la pecera de un restaurante chino. 
- Un apartado romántico tan horripilante como inútil, con besos que suenan como un flan de huevos cuando se cae y la necia de turno que no parece entender que el héroe de la película prefiere su misión antes que a ella -por la pasta y las condecoraciones-. Sin embargo, se reserva a la necia para el final feliz porque tiene exceso de testosterona y porque se ha roneado con la mala de la peli hasta descubrir que era Conchita Wurst...
- Explosiones espectaculares y puñetazos que también suenan como flan de huevos que dejan al héroe un tanto despeinado y sucio -lo justo- en lugar de tuerto, manco, cojo o con los dos incisivos de delante rotos.
- El "Uncle Tom" de turno -en este caso Morgan Freeman- que, ya pasando al otro barrio, sigue preocupado por la seguridad de su Presidente cuando este último ya se está tomando un rebujito y unos torreznos con la azafatas del Air Force One -prestadas por Pedro Almodovar-.

Bien. Pánico Nuclear salió en 2002 y en aquella época el director, un tal Phil Alden Robinson, fue un súper visionario -¿Será que los Estudios de Hollywood inspiran al Pentágono. o viceversa?). La Paramount Channel lo difunde estos días, precisamente, para recordarnos que en estos momentos está amenazado "el equilibrio de las naciones" -lo dice Morgan Freeman-. Total. La historia empieza con unos propalestinos -lo sabemos porque los personajes llevan un keffieh sujetado con una cámara de aire de bici- que recogen una bomba nuclear en los Altos del Golán -esta bomba, la había perdido en 1973 un aviador de Tsahal en un momento de descuido patético, mirando una foto de su familia mientras pilotaba-. Se entera de esto un austriaco que, entre dos bocados de sachertote, suelta lo más interesante de la película : "América y Rusia llevan cincuenta años imponiendo sus cuatro voluntades a la Comunidad Europea y siguen tratándonos como a niños. Cada día perdemos un poco más de nuestra independencia y soberanía en determinar nuestro propio porvenir". ¡Caramba! Jean-Marie Le Pen no lo hubiera dicho mejor. ¡De hecho, el austriaco es un terrible neonazi, hijo de un antiguo SS, que acaba de pagar 50 millones de dólares por la bomba nuclear! Quiere provocar la destrucción mutua entre EEUU y Rusia porque se ha dado cuenta de que abundan los seguidores de Hitler... Acabará soltando su bomba en Manhattan a pesar de los aspavientos de Ben Affleck, que interpreta al héroe. En la peli, encarna a un historiador moderno con la boca siempre abierta, que habla un poco de ruso y acaba siendo espía sin pedir sobresueldo porque se lo ordena Morgan Freeman, que también recorre pasillos con el trote apresurado de una geisha con gastroenteritis. Por culpa de la bomba, los americanos tardan en descubrir que el malo es el austriaco y piensan que la bruja es el presidente ruso. De hecho, le llaman "el tarado que preconizó lo nuclear en Chechenia"... La tensión sube y los dos contrincantes se ponen a jugar a la batalla naval con misiles de verdad para tratar de relajarse. A final el ruso entiende los aspavientos de Affleck, hace las paces con los americanos y, mientras tanto, todos los malos perecen por obra de un espía norteamericano  freelance que está harto de currar sin cobrar.

Que cada uno saque sus conclusiones a la luz de la situación geopolítica actual en Ucrania y en la Franja de Gaza. Y, sobre todo, no pierden su tiempo mirando este churro de película.

Nestor Poireau


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