viernes, 29 de agosto de 2014

EL INGLÉS Y LOS INGLESES

Los ingleses se quejan de que los españoles no sabemos hablar inglés, y no digo yo que no tengan razón. Pero ¿y ellos? ¿Acaso los ingleses saben hablar español? No. Los ingleses no saben hablar español.

Si los ingleses no saben hablar  español, es, sencillamente, porque no les interesa. Ni siquiera a los ingleses que viven en España. Distinto es el caso de los españoles, que si no sabemos inglés es porque nos cuesta muchísimo esfuerzo aprenderlo, aunque nos apliquemos denodadamente en conseguirlo. Pero, por más que lo intentemos, la empresa es muy difícil.

Y es muy difícil por la pronunciación. Los españoles estamos acostumbrados a que la “a” suene a “a” y la “e” suene a “e”, y si se juntan la “a” y la “e”, suena “ae”. Ahora bien, en el caso del inglés, si se juntan unas cuantas vocales con unas cuantas consonantes, el sonido resultante al pronunciar la palabreja puede sonar a cualquier cosa.  Por ejemplo, prueben a pronunciar en inglés la palabra “Featherstoneaugh” -el apellido de un personaje de alguna novela de Wodehouse-, a ver qué les sale.  

Pero, ¡peor aún! Los ingleses tampoco saben hablar bien inglés, por mucho que vengan presumiendo. Y no lo digo yo. Recuerdo un libro de Salvador de Madariaga –no me viene ahora a la memoria el título- en el que contaba que una vez eligió una palabra inglesa bien llena de vocales y consonantes –sin escatimar haches-  y preguntó a varios ingleses, supuestamente de cierto nivel intelectual, tratándose de Madariaga, que cómo se pronunciaba. Y cada uno la pronunció de una manera bien diferente. Así que, si ellos mismos no saben bien su idioma ¿cómo esperan que lo aprendamos nosotros?

Y ya puestos,  yo creo que tampoco se desenvuelven muy bien a la hora de leer y de escribir. En más de una ocasión, me ha llegado una documentación remitida desde una empresa de Londres, lógicamente escrita en inglés y –asumiendo mi ignorancia- la he sometido no a uno sino a dos británicos -teóricamente  bien conocedores de su lengua-  para que me disiparan las dudas. Cogían los documentos con cierta prevención, farfullaban un rato en voz baja mientras leían los papeles y, en más de una ocasión, manifestaban sin rubor que ignoraban el significado de tal o cual párrafo, con la excusa de que, sin duda, quien había escrito el texto –british, como ellos- seguramente no sabía escribir bien.

Eso, sin mencionar lo del vocabulario. Un día, una amiga inglesa intentaba apabullarme pregonando que el idioma inglés tiene nosecuantísimas palabras – muchas más que el idioma español, por supuesto- pero, admitía, el vulgo se las componía para desenvolverse en la vida con unos pocos cientos de vocablos.

-¿Mucho vocabulario, eh? – repuse yo-. A ver, entonces: ¿cómo se dice timbre en inglés? Ya sabes, lo que pulsas para que llamar a la puerta.
-Bell- contestó.
¿Y campana?
-Bell- fue toda su respuesta.
-Ajá. Bien. ¿Y cómo se dice cencerro?
-Cowbell- respondió.
-¡Vaya! ¡Así que cencerro se traduce por vaca campana!
-¿Y cascabel?
-Catbell.

No creo que hagan falta más comentarios sobre la riqueza del vocabulario inglés.

Yo insisto en que a los ingleses, en realidad, no les interesa aprender español (salvo para salir del paso en un bar pidiendo una bebida), de la misma manera que no les interesa aprender a cocinar. Yo conozco a ingleses que llevan más de veinte años viviendo en España y todavía no han aprendido ni a hablar español ni a hacer una tortilla de patatas. Y sin embargo se las comen con gran delectación. Pero aprender a hacerlas… ¡ni en sueños!

Vale que cuando están en Inglaterra los ingleses se conformen con sus verduras hervidas aderezadas con diferentes salas, sus carnes asadas sin ningún aditamento a las que ponen encima otras salsas, su porridge y poco más. ¡Pero, hombre, cuando salen de Inglaterra y vienen a España, deberían aprovechar!

Mr. Pickwick, personaje de Dickens.
Pero los ingleses no vienen a España ni a aprender español ni a aprender a cocinar. Vienen por un único motivo: nuestro recio “life style”  hispano, consistente básicamente en buen vino y buen sol. Téngase en cuenta que aquí el vino es muchísimo más barato que en Inglaterra; y, en cuanto al sol… no solamente es gratis,  ¡es que en Inglaterra no hay! Y para disfrutar de todo esto, hay que reconocerlo, no necesitan aprender español.






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