lunes, 4 de agosto de 2014

LA NORMALIDAD NO EXISTE

Durante una reciente estancia en la ventosa Tarifa, descubrí un simpático indicador de los aseos para féminas en un hotel de la playa. Mi próximo marido será normal, reza en inglés, a modo de promesa, el cartel que custodia el acceso al excusado -quizás es de uso exclusivo para mujeres despechadas-.
Todas hemos pronunciado palabras semejantes tras un desengaño amoroso -las que no coleccionamos maridos, nos hemos referido a consortes en categoría de novios-, añadiendo, en la mayoría de las ocasiones, un solemne "nunca mais".

Aquí, tomamos el término "normal" como sinónimo de convencional, algo que, por otra parte, puede resultar mortalmente aburrido. Sin embargo, mis queridos cachorros, a lo largo de los años he descubierto que la normalidad no existe... Y no solo porque la "normalidad" es subjetiva. Es que, quien más, quien menos, todos tenemos nuestras pequeñas taras que nos hacen únicos o, en el caso de los más trastornados, manifiestamente anormales.

Cuando el anormal tiene la gentileza de no enmascarar su personalidad, sus particularidades no suponen problema alguno. Es como ese aviso que precede a imágenes que pueden herir la sensibilidad del espectador, o el muy socorrido y contundente No apto para cardíacos. Hay quien, incluso, hace de la anormalidad su sello personal y convierte la excentricidad que le es propia en parte de su encanto. Estos personajes, masculinos o femeninos, tienen su público sin necesidad de engañar a nadie. Que se lo digan al Capi, que jamás se ha sentido atraído por una mujer "normal". -Dios los cría...-.

El verdadero drama se produce cuando un personaje de rareza inusitada se presenta como un perfecto caballero, cabal, generoso, y transigente, avalado, además, por gente de "total confianza". Un tipo normal. Así, ese señor, gentil y equilibrado -aunque físicamente poco agraciado-, consigue que caigas en sus brazos al manifestar un enamoramiento tal, que le llevaría a ir al mismísimo infierno si es contigo de la mano, antes que al cielo sin el placer de tu compañía. Llegados a este punto, la vanidad femenina nos puede jugar una mala pasada e impedirnos reaccionar ante las primeras manías que el "tipo normal" -que tanto ansiabas encontrar- empieza a dejar entrever tras la fachada de hipocresía y falsedad construida a conciencia durante años. Porque, en realidad, se trata de un hombrecillo maniático, socialmente inadaptado, que padece de tal muestrario de trastornos psicológicos diagnosticables, que ni el mejor de los especialistas haría carrera de él -si en un arrebato de sensatez aceptara hacerse mirar lo suyo, pero eso entraría dentro del género de Ciencia Ficción-.

Además, la subjetividad a la que aludía en lo que a normalidad se refiere, conduce a ese homínido claramente desequilibrado a considerar que él es un paradigna de "normalidad" frente al resto de los mortales, y a exigir de su "partenaire" un nivel de "convencionalidad" que le supondría renunciar a cualquier atisbo de personalidad y carácter. En resumen, según su perturbado criterio, su pareja es el ser anormal, y él deja salir al represor que lleva dentro -y que tuvo amordazado durante un tiempo prudencial- para "enderezar" a la desgraciada que dio con él y se dejó seducir por alguien que, sencillamente, no existe.

La experiencia, sin duda, acaba desequilibrando a la víctima del engaño, privándola temporalmnte -ahora sí-de las razonables cotas de normalidad de las que disfrutaba antes de convertir al referido rarito en su pareja. En casos así, es posible recuperar la estabilidad y la compostura con ejercicios sencillos, como escribir un post ejemplificante que, espero, ilustrará a otras incautas para que reconozcan a esta clase individuos y corran en dirección opuesta al instante. Es muy terapéutico... Hasta el siguiente post, sed buenos... Pero traviesos, que si no es muy aburrido.

Cruela Débil


3 comentarios:

  1. Perfecta descripción de un tipejo asqueroso apodado Tambor

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  2. Los lobos con piel de cordero nos acechan, querida

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  3. Tambor...de hojalata!

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Gracias ;)