Tiene gracia que la brillante carrera ministerial y política de Alberto Ruiz Gallardón se haya abortado por su proyecto de ley del aborto. Ironías del destino. ¿Del destino? No faltará algún malicioso que opine que ha sido el sibilino Rajoy quien ha urdido la trama, ha dejado que Gallardón se complicara la vida con su proyecto, y luego le ha indicado la dirección de una clínica abortista para que se deshaga de su criatura legal nonata. Naturalmente, Gallardón se ha sentido puesto en ridículo y sin más opción digna que renunciar a todo, al Ministerio, al acta de diputado, a formar parte del comité de dirección del partido y, lo que es peor, a sus sueños de aspirar algún día a la Presidencia del Gobierno, como dicen que deseaba en su fuero interno.¿Qué pasará ahora? Pues que Gallardón se va a apañar con formar parte del Consejo Consultivo de la Comunidad de Madrid -80.000 € al año- y que el Gobierno va a hacer un apaño –por el momento- eliminando de la ley zapaterista la posibilidad de que las adolescentes de 16 años, que ni pueden votar -salvo en el referéndum independentista de Cataluña, otro aborto en ciernes-, ni beber ni fumar, puedan abortar sin decirle nada a sus papis. Todo para que la chica se ahorre el mal trago de contarle con balbuceos a su progenitora: “Mami, ¿te acuerdas de aquel paquetito de preservativos que me regalaste al cumplir 16 años…? Pues se me olvidaron en casa… ya ves, como soy tan despistada”.
Y aquí está el quid de la cuestión, desde mi punto de vista. En 2012 se practicaron en España 112.390 abortos, según datos del Ministerio de Sanidad -¡con el grave problema demográfico que tiene el país!- y resulta que el 33% de las que abortaron ¡no usaba ningún método anticonceptivo! ¡Por favor! ¡A estas alturas! Ya podrá decir el informe Pisa que en el sistema educativo español fallan las Matemáticas o el Lenguaje, que lo que falla es la educación sexual. Y un 24,5% de las mujeres, según la estadística citada, ya van por el segundo aborto. O sea, repetidoras.
Estos días, las calles de muchas ciudades españolas se llenan de miles de ciudadanos y ciudadanas –sobre todo ciudadanas- que acuden a manifestaciones de encontrado signo: en unas se pide que se considere el aborto un derecho de la mujer y no se limite como pretendía Gallardón -y de paso que dimita también Rajoy-. Y en otras se pide mano dura contra la ley de Zapatero y se reclaman medidas restrictivas contra el aborto. Pero no veo ninguna manifestación en la que se pida más y mejor educación sexual -en casa, en el colegio, en la sociedad en su conjunto- y en la que se recuerde a las mujeres -y a los hombres- que recurran a medidas preventivas del embarazo cuando no se desea. Hay un variado repertorio de métodos, empezando por el sencillo condón. El problema del aborto no es solamente un problema de conciencia, ni de derechos fundamentales… es un problema de incultura. Y así nos va.
Capitán Ad Hoc

Una de las cosas que más han llamado la atención desde que Gallardón se hiciera cargo de la cartera de Justicia es cómo el señor más izquierdista del PP- jaleado por los socialistas y el grupo Prisa- acabe sus días políticos (no estoy muy seguro) por defender una ley tan carca. Incomprensible.
ResponderEliminarAlgunos piensan que Rajoy se ha quedado muy pancho porque se ha quitado de encima a un contrincante que en su momento le hubiera podido disputar la presidencia de la cosa. Y es que Rajoy de Moncloa es mucho Rajoy