Como lo oyen: el Papa necesita dinero. No para su bolsillo, naturalmente, sino para obras de caridad. Quizá es porque las finanzas vaticanas –ahora que están más pendientes de su honorabilidad, las arcas benditas puede que sean menos atractivas para ciertos inversores con antifaz- pasan apuros. Y así como ciertos gobiernos, debido a la crisis, han recortado gastos en obras sociales, el Vaticano quizá se estaría viendo impelido escatimar en limosnas, lo que sin duda se traduciría en que los mendigos de Roma andarían por ahí con las caras más largas que nunca y acosando con más ansia a los turistas. Y la solución, una de ellas, parece que ha sido la de dedicar la Capilla Sixtina a acoger eventos privados, previo pago por el cliente de un óbolo –suponemos que sustancioso- que irá directamente a obras pías.
Probablemente, las condiciones para alquilar la joya pintada por Miguel Ángel serán muy estrictas. Para empezar, dudo que sean bienvenidas bodas, bautizos y primeras comuniones, aún tratándose de fiestas sacramentales. Pero ahora que la fé anda de capa caída, ahora que cada vez menos gente se casa por la Iglesia o bautiza a sus hijos (aunque acaben celebrando la primera comunión de los niños porque todos los compañeros lo hacen), estas celebraciones tan caras a la Iglesia deberían ser las que quisieran acoger los arrendadores auténticamente evangélicos.Y no digamos si de lo que se trata es de celebrar -¡vade retro!- una boda civil… Al osado que se atreviera a recabar para tan pagano acto la autorización vaticana –seguramente, en manos de un cancerbero cardenalicio de adusta mirada- le sobrevendría de inmediato un hisopazo en la cabeza. En fin, habrá que averiguar las rígidas normas que imperan para alquilar una sede tan singularísima y así saber a qué atenernos. De momento, parece que ha sido la empresa Porsche Travel Club la que ha organizado para una cuarentena de VIPs (cuya identidad es máximo secreto) un concierto de música clásica -¿del Renacimiento?- bajo los frescos pintados por el genial toscano. Este grupo de privilegiados también gozaron de una visita exclusiva y una cena en el museo vaticano (damos por supuesto que los manjares sobrantes fueron directos a un comedor de caridad, donde esa noche sin duda habría una pequeña fiesta entre los hambrientos parroquianos). Pero no consta lo que el organizador del evento se ha dejado en el cepillo de la Capilla Sixtina por disponer de ella.
Capitán Ad Hoc
Quizás el Papa Francisco no tenga liquidez, aunque no se puede decir que no tenga patrimonio. No se quien dijo que el templo se ha comido el mensaje. O que la riquezas de lujo ocultan el mensaje de Cristo.
ResponderEliminarEl Papa Francisco, aunque jesuita, admira la humildad franciscana; de ahí que escogiera el nombre de Francisco.
Por ello sería muy apropiado que imitara al recién beatificado Giovanni Battista Montini, Pablo Sexto, que vendió la tiara para repartir el dinero entre los pobres.
Muchos han sido los gestos del Papa Francisco que han revelado su falta de apego a lujos y grandes fastos, actitud que le ha valido la simpatía de muchos fieles, e incluso, de no creyentes, aunque últimamente miro con preocupación que está engordando. ¿Quizás una prueba de que está cayendo en los placeres de la mesa?
Lo curioso, querido cachorro anónimo, es el que esto de la Capilla Sixtina como sede para eventos ya se está llevando a cabo en algunas sedes religiosas tan importantes como la Catedral de Toledo... No es nuevo eso de alquilar espacios sagrados. Entiendo que la Iglesia prefiera no vender su patrimonio y opte por arrendar, por muy loable que fuese empezar a vender los tesoritos para repartir los beneficios entre los más pobres. Como siempre, gracias por tu comentario
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