lunes, 16 de febrero de 2015

LOS MONOS DE GIBRALTAR NO LEEN A CERVANTES

El ministro García Margallo ha afirmado que en Gibraltar todo el mundo habla español menos los monos, y por ese motivo justifica que, después de cuatro años ondeando en la Roca la enseña de la cultura española, se haya arriado ignominiosamente  la bandera del Instituto Cervantes en la colonia británica. 

Ahora que un grupo de sabios anda buscando en las catacumbas de un convento de Madrid la momia de Cervantes -con tanto o mayor afán con el que Howard Carter y  Lord Carnarvon buscaron los restos de Tutankamón-, viene el ministro de Asuntos Exteriores a deshonrar la memoria del insigne manco retirando, de la noche a la mañana, su inmortal pica literaria del peñón usurpado con infamia. “Menos Latín y más Deporte”, clamó el ministro José SolísRuiz en frase memorable cuando ya se apagaban las últimas luces del Régimen. El señor Margallo, que casi iguala en locuacidad a aquel sonriente ministro franquista de cerrado acento cordobés, ¿a qué contrapone el Latín; o sea, en este caso, el idioma español? ¿Menos español y más…qué?

Margallo pensando monerías...
El ministro de Asuntos Exteriores, en mi opinión, ha renunciado tontamente y por partida doble a intentar ganarse el afecto de los habitantes de Gibraltar, tanto de los humanos (los llanitos) como de los pre-humanos (los macacos). En Gibraltar, es cierto, se habla español con acento gaditano; y, seguramente, el inglés que se hable en Gibraltar (salvo el que utilice el Gobernador que representa a Su Majestad), también se hablará con cierto acento de la bahía.  

Los llanitos son gente tan singular como los monos con los que conviven. No son británicos de pura cepa, a pesar de que  saluden con respeto a la Unión Jack, pues sus orígenes, desde hace generaciones, son eminentemente mediterráneas: andaluces, genoveses, malteses, norteafricanos... También corre sangre judía (sefardí, sin duda) por las venas de algunos. ¡Y casi el 80% son católicos!   Además de un poco fenicios. Comerciantes hasta la médula. Y un tanto contrabandistas.

Macaco monárquico
Con gente así, probablemente tan maleable ¿cómo es tan difícil entenderse? España creo que se equivoca. Trata con las autoridades gibraltareñas como si se enfrentara a unos estirados gentleman británicos, en vez de tratar con ellas como se debe trapichear con unos astutos mercaderes entre los recovecos de un bullicioso zoco. Con un altanero británico empecinado en sus ideas es imposible llegar a ningún apaño. Pero con un mercader ávido de hacer negocio y deseando regatear, siempre será posible llegar a un acuerdo sobre el precio final de la alfombra.

Y volviendo al principio…  El Instituto Cervantes se supone que no es una simple academia de idiomas, sino mucho más: una institución para difundir la cultura y los valores de España; en esencia, para inseminar el afecto hacia España y lo español. 

Sede del Instituto Cervantes
 en Gibraltar
El problema con los gibraltareños es que no quieren a España y, por tanto, no desean que España proceda al izado de su bandera en lo alto de la Roca. Y lo que hay que hacer es seducirlos, halagarlos, convencerlos, engatusarlos… en vez de  desdeñarlos. Intentar ganárselos por el corazón (que se supone que tendrán), ya que por el estómago nunca nos los vamos a ganar, dadas las ventajas económicas que tienen en su rocoso paraíso fiscal. ¿Por qué iban, sin más ni más, a renunciar a su suculento menú? Solo podrían hacerlo, si lo hacen, por amor. Porque es cuando el amor nos ciega cuando se dice eso de ”Contigo, pan y cebolla”.

Macacos a punto de robar
 una cámara de fotos
¿Y con los monos, qué hacemos? De una u otra manera, los famosos e impertinentes macacos gibraltareños siempre salen a relucir cuando de nuestra relación con la colonia se trata. El macaca sylvanus o mono de Berbería, hay que reconocerlo, no es un primate cualquiera. Se trata del único simio que vive en libertad en Europa (aunque un poco vigilada por los bobbys). Habitando como habitan en una tierra usurpada, su principal afición es usurpar los alimentos de los turistas que se les acercan. 

La leyenda dice que hasta que no desaparezca de Gibraltar el último mono, la Roca no volverá a ser de soberanía española. Pero aún más: estos simios son unos falsos europeos: llegaron procedentes del norte de África, probablemente en el siglo VIII acompañando a las invasoras huestes del moro Muza. Los Reyes Católicos, tras ocho siglos, consiguieron echar a los moros de la península, pero –se olvidaron de este detalle- aquí se quedaron sus monos. Y no culminará la Reconquista de España, ni la de Gibraltar, hasta que no se le dé el pasaporte al último y pertinaz macaco.

O al menos, que en el Instituto Cervantes les enseñen español.

Capitán Ad Hoc

2 comentarios:

  1. Interesante teoría, capitán.
    Pero me gustaría recomendar una aportación de lo que es hacer oposición en Cataluña. El resgistro es del colega Santiago González en Elhttp://www.elmundo.es/blogs/elmundo/elblogdesantiagogonzalez/ Mundo. Merece la pena echarle un vistazo

    ResponderEliminar
  2. Querido cachorro anónimo, el enlace no funciona, quizás porque no lo ha separado del artículo "el" que, aparentemente, lo precede.... Me he quedado con las ganas de saber qué tiene que ver el tema que nos propone con el asunto abordado por el Capitán. Como siempre, gracias por participar

    ResponderEliminar

Gracias ;)