viernes, 3 de abril de 2015

CERVANTES EN LOS HUESOS

Un grupo de sabios expertos en distintas materias lleva meses rebuscando en las catacumbas de un convento de Madrid a ver si aparecen los restos de Cervantes y, tras mucho escarbar entre tibias y peronés de variada procedencia -pues en el osario habría trozos de esqueletos de varios difuntos-, los sabios han lanzado un tímido eureka: parece que sí, que algún huesecillo de los que se han desempolvado podría pertenecer al insigne príncipe de las Letras. ¡Tengan cuidado vuesas mercedes, no vaya a ser que el hueso cervantino en cuestión corresponda al brazo que don Miguel perdió en Lepanto y se haga el ridículo!


Mientras se intenta confirmar al cien por cien que la osamente hallada es la del autor del Quijote, se estudia a ver si se consigue alguna pista de ADN interviniendo en los restos de alguna parienta del escritor; pero sin esperar a estar totalmente seguros, ya se echan las campanas al vuelo y las reacciones al presunto hallazgo parecen casi tan disparatadas como los desvaríos del caballero de la triste figura en sus diálogos con Sancho. Pues se ha llegado a decir que a partir de ahora se producirán multitudinarias peregrinaciones a la tumba de Cervantes (con permiso de las monjitas y del obispado, que rápidamente puede inscribir los huesecillos como de su propiedad), con lo que el turismo en Madrid subirá muchos enteros. Y, aún más, no ha faltado quien proclame que a partir de este momento mucha gente va a empezar a leer el Quijote compulsivamente.


No estoy yo muy seguro de que haya multitudes que acudan a ver un simple hueso de cuatro siglos de antigüedad, salvo algunos paleontólogos y similares. El hueso, muy probablemente, además, seguro que no se expondría a la contemplación del público sino que estaría guardado bajo siete llaves en algún cofre. Y si las monjitas y el obispado se empeñan en que la reliquia no salga del convento ni se le erija un túmulo funerario faraónico (lo que hubiera hecho las delicias del anterior alcalde Gallardón), poco espectáculo se va a poder ofrecer a los turistas. Y en cuanto a que a la gente ahora le vaya a dar por leer a Cervantes porque se haya encontrado su tibia… ¡A otro perro con ese hueso!

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