En cuanto he tenido ocasión me he apresurado a viajar en el vagón silencioso del AVE, trayecto Málaga-Madrid. Ya saben: un vagón en el que no está permitido el uso de móviles ni hablar en voz alta, etc. Después de tantos años de soportar las impertinencias de los viajeros parlanchines que te dan la lata haciéndote partícipe a gritos de sus insustanciales negocios o sus insignificantes asuntos de familia, la oportunidad de perderlos de vista (y de oído) era sumamente tentadora.
Saqué el billete por Internet con toda la antelación posible y ya entonces me extrañó que hubiera tantas plazas libres. No sé por qué, cuando llegué a la estación y me dirigí hacia mi vagón, pensaba que me iba a encontrar con una cola de impacientes viajeros deseando subirse al reino del silencio, pero en el andén no había nadie. Y cuando subí al tren y entré en el departamento, allí apenas había un par de viajeros. ¡Qué extraño!
A mitad de viaje me encaminé hasta la cafetería, que estaba casi al otro extremo del convoy, por lo que tuve que cruzar varios vagones. Ahí sí que había una buena algarabía montada: gente hablando por el móvil, algunos niños pequeños berreando, conversaciones animadas… Del vocerío que había en el bar, ni lo cuento.
Está claro, me dije, que a la gente lo que le gusta es la bulla, poder hacer el ruido que le venga en gana y no estar sometida a reglas de silencio monástico. Ningún pudor de hablar sobre temas privados ante perfectos desconocidos. La intimidad no es un bien preciado, y el silencio tampoco.
He hecho el trayecto inverso (Madrid-Málaga) a los pocos días, también en el vagón silencioso, y otra vez me lo he encontrado prácticamente vacío, mientras el resto del tren era un puro bullicio.
Y ahora mi preocupación es que la Renfe, en vista de que su vagón silencioso no parece gozar del favor del público, decida eliminarlo. ¡No, por favor! Lo que tiene que hacer la Renfe es instaurar el silencio en todo el tren. Así, por lo menos durante unas horas, los españoles a bordo del AVE seríamos personas educadas que respetan la privacidad del vecino y no le marean con sus conversaciones insoportables con el móvil… aunque fuera por obligación ¡Hay que instaurar la ley del silencio!
Capitán Ad Hoc

Parafraseando al General de Gaulle, "vasto programa" que lo de erradicar el ruido español en los espacios públicos confinados... Hasta Doña Botella fracasó en el intento ! Y le diré también que no es privilegio de España. Dese un paseo en el metro de Londres a las 8 de la mañana. Un criadero de ocas a la hora del pienso no haría menos cacareo...
ResponderEliminarCua, cua, cua...
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