martes, 7 de octubre de 2014

LA VIDA ES BELLA, LA GENTE ES FEA... Y MEDIOCRE

El equipo de humoristas franceses Les Deschiens
 ha sabido reproducir el inconfundible
estilo "casual" de la función pública...
Mes chers amigos! Hace un par de días compartí una velada memorable con uno de esos raros “aristogatos” estetas y, lógicamente, misántropos, cuya compañía providencial, selectivamente generosa y tan rica como un buen vino hecho con amor, nos reconcilia con el género humano. La vie est belle, c’est les gens qui sont laids! -la vida es bella, la gente es fea- solía exclamar un muy querido familiar mío. Pues sí. Hay mucha gente fea, fea de corazón, fea de alma, pobre de todo que, por contraste, nos lleva a rebuscar, como perros truferos, la amistad de personas que son exactamente lo opuesto: hermosas de alma y de corazón -y si lo es de cara y de cuerpo también, tanto mejor-.


Pero a lo que voy. Últimamente, me he visto preso, como una rata de laboratorio, en un debate estéril con un amigo, cuyo resentimiento recocido, y agudizado por diversas frustraciones personales, arremete invariablemente contra la función pública y el exceso ponderal que sufre esta institución en todos los países donde existe. Exagerando para hacerme el gracioso, diría que, con un casco con punta y un uniforme Hugo BoSS, este personaje sería capaz de darnos otro holocausto, pero aniquilando a los tres cuartos de la población activa y el peso económico que representa, a veces muerto -el peso-. Y… le daría, en parte, la razón.

                       

Personalmente, no es tanto el funcionario en sí lo que más me molesta de la humanidad, sino el espíritu mediocre “afuncionariado” de ciertos individuos que no tienen dedos de frente suficientes como para responder otra cosa que “oiga…yo no soy quien hace las reglas”, cada vez que necesitan justificar su estupidez e incompetencia endémicas. Este “yo-no-soy-quien”, mirando para otro lado y levantando las manos como si la inteligencia le estuviera apuntando con una pistola, no es para nada exclusivo de la función pública. Es, simplemente, representativo de una parte de la humanidad que se declara incapaz –voluntaria o involuntariamente- de superar el techo de la mediocridad mezquina, que carece de toda energía intelectual como para dejar de seguir ciegamente a un líder, al jefe que SÍ hace las reglas. Recordemos al pulcro y afanoso oficial nazi Adolf Eichmann, retratado por Annah Arendt… No tuvo en ningún momento ni una pizca de consideración moral al enviar vagones repletos de pobre gente a campos de exterminio. Su única preocupación era … ¡satisfacer al jefe! Un lameculos honoris causa.

El mundo laboral siempre ha sido repleto de pequeños funcionarios cutres, celosos, delatores, rastreros, vagos hasta la extenuación o simplemente depresivos. Lo grave es cuando esa cutrez moral causa muertes… El pasado mes de mayo, una nicaragüense de 30 años, sin papeles pero víctima de una embolia, falleció en un hospital público de Toledo por desatención. El trágico incidente fue aprovechado por todos los medios “progres” para arremeter contra el PP y su política de recortes presupuestarios en materia de sanidad (iniciada con el PSOE, por cierto). Si esta política es efectivamente un atentado al bienestar social más básico, no hay que olvidar que esta pobre mujer tuvo la mala suerte de ser atendida en primera instancia por un personal cortísimo de mollera que obedece a la ley antes que al juramento hipocrático : “¿No tiene tarjeta sanitaria? Pues haber elegido muerte…”. Nunca mejor dicho. Dentro de la Sanidad Pública, puedo testificar que hay médicos nobles que reciben a pacientes desamparados sin tarjeta sanitaria fuera de sus horarios de consulta. También puedo testificar que hay “enfermeras” pusilánimes en el servicio de urgencias del Gregorio Marañón que actúan a la Adolf Eichmann. A estos criminales por omisión, les deseo sufrir lo mismo en su carne propia: encontrarse al artículo de la muerte en algún lugar foráneo y oírse decir: “You don’t have a prívate insurance? Sorry mate… There’s nothing I can do!” (¿No tiene seguro privado? Lo siento tío… ¡No puedo hacer nada por ti!”).

Personalmente, desprecio a estos individuos que, por cobardía, por pereza, por mezquindad y, en definitiva, por honda mediocridad, deciden fastidiar o no ayudar a sus prójimos. Desprecio su falta de inteligencia a la hora de entender que todos hemos nacido con la capacidad soberana de actuar con solidaridad, aunque sea por la simple ecuación que consiste en dar para recibir.



Nestor Poireau

2 comentarios:

  1. Enhorabuena, capitán, ya lo veo haciendo frasecitas en ese idioma bárbaro a que dedicó un divertido rinconcillo del Blog de Cruela!!!. Suscribo lo que dice aunque me parece muy deprimente. Efectivamente, hay gente que con tal de achacar a los políticos cualquier cosa son capaces de matar. Y parece mentira que hechos así ocurran en el sistema que debiera estar más humanizado. Qué pena de investigación y correspondiente expediente. Qué pena de medios de comunicación que les siguen el juego a esos miserables en lugar de preguntar que por qué no se atendió a esa pobre mujer, quitándole la cartea a los pseudoprogres.

    Una servidora era antes tan ingenua que pensaba que la gente que actúa así lleva en el pecado su penitencia. Ahora veo que no es así porque carecen de conciencia y de empatía, entre otras cosas. Mundo cruel!!!

    ResponderEliminar
  2. Querido cachorro, anda un poco despistado... El autor de este escrito es Monsieur Poireau, no el Capitán Ad Hoc que nos ha preparado una interesante teoría sobre el tema de las tarjetas negras que publicaremos mañana.

    ResponderEliminar

Gracias ;)